
Mudarse no es solo cambiar de casa. Es un movimiento que atraviesa no solo espacios físicos, sino también emocionales. Cambiamos de barrio, de país, de rutinas y también de costumbres, de vínculos cotidianos, incluso la manera de estar en el mundo.
Toda mudanza tiene algo de ritual. Hay una despedida —de personas, de lugares, de nuestra cultura y costumbres— y una bienvenida que se va construyendo con el tiempo.
En ese tránsito, aparecen una mezcla de emociones que muchas veces nos toman por sorpresa. Podemos sentir entusiasmo y miedo en una misma tarde e ilusión y nostalgia en el mismo abrazo de despedida.
Prepararse emocionalmente para una mudanza no garantiza que todo sea fácil, pero sí facilita el proceso, ayuda a construir un puente entre lo que dejamos y lo que vendrá. Un puente donde las emociones se pueden transitar en compañía, hablar de lo que sentimos será una forma de cuidarnos y cuidar nuestro entorno.
Recuerda: no se empieza desde cero, se empieza desde otro lugar.
Un abrazo
Belén

Q bonitooooo❤️❤️❤️
Me gustaMe gusta